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Arte digital: el reto y la creatividad

Por Houda Bakkali

Hablar de arte digital es hablar de controversia, puesto que son muchos los puristas que no reconocen las creaciones digitales como arte. Pero, ¿hasta qué punto las herramientas de creación pueden condicionar que una obra sea o no considerada arte? ¿A caso una manifestación artística puede ser subestimada por el simple hecho de haber sido creada mediante un ratón y no con un pincel? Si el arte persigue estimular, alterar, provocar e invadir las emociones, ¿qué importancia real puede tener que la obra se cree sobre un lienzo o a través de una pantalla de ordenador?

Lo cierto, es que me resulta complicado definir el concepto de arte. Sin entrar en terrenos intelectuales ni en academicismos, y apostando más por la visión visceral, el arte se me antoja como el guiño inquietante que agita el alma. Un susurro sugerente que emociona, un grito agónico que repele, consuela, decepciona, excita, equilibra, desequilibra, armoniza, enmaraña, recrea, desdibuja o causa cualquier estado de ánimo ajeno a la apatía y a la indiferencia. El arte no tiene que ser bello ni armónico ni perfecto. El arte tiene que comunicar, tiene que descubrir nuevas dimensiones de la realidad y de los seres que la conforman, tiene que representar lo imaginable y lo inimaginable, los mundos cercanos y los mundos oníricos y desconocidos. El cometido del arte, al fin, debe ser hacer surgir o resurgir algo en nuestro interior. En definitiva, considero que el arte es aquello que provoca un estado de ánimo en nosotros, cualquier estado de ánimo. Es aquello que nos revuelve o nos da serenidad. El arte es como el amor: no se puede describir, sólo se puede experimentar.

Con esta visión, la pregunta que me surge es: ¿qué importan, pues, las herramientas para crear la obra si es la obra en sí, su concepto, su corpus, su alma la que define el verdadero sentido del arte? 

Conceptualizando el arte digital

A nivel teórico, podemos describir el arte digital como aquél que emplea tecnologías digitales para su producción y distribución. Un arte cuyo  procedimiento creativo pasa por la artimética para la creación estética. 

Los diferentes paradigmas del arte digital como la ilustración vectorial, la fotografía digital, el diseño gráfico, la animación en 2D y 3D, los modelados 3D, el net art, etc., parten y se basan en la capacidad imaginativa del creador, en su conceptualización y en su alma, hecho que los convierte en creaciones artísticas indistintamente de los soportes utilizados. 

Esta digitalización del proceso artístico implica un conocimiento técnico y teórico de herramientas informáticas que tiene como característica principal su constante y vertiginosa actualización. Lo cual supone una ventaja, por las múltiples posibilidades que ofrece al artista, pero también un importante reto que le obliga a un reciclaje constante. 

Por otra parte, ese abanico de posibilidades que ofrece la cultura digital, implica que el artista tenga no sólo herramientas de creación, sino también un infinito y cambiante amalgama de canales de promoción, distribución y exhibición de la obra. En este punto, el gran reto no es sólo adaptarse a los continuos cambios, si no adoptar un criterio acertado de selección y elección que, sin duda, serán claves para crear y consolidar el nombre del artista, dar a conocer su obra entre el público adecuado, introducirla en el mercado correcto y fomentar su revalorización a lo largo del tiempo. Tareas pedagógicas, sin duda, nada fáciles.

 

Ejemplificando el arte digital

Un binomio cautivador y lleno de posibilidades es el que nos ofrece, por ejemplo, la ilustración vectorial. Una de las manifestaciones más representativas del arte digital. Esta técnica, también ha sido discutida por los círculos más puristas del arte. Pero lejos de ser una mera interpretación plana y efímera de la realidad, la ilustración vectorial es una técnica tan atractiva como adictiva que implica el dominio de conceptos geométricos como círculos, arcos o líneas puestos al servicio del arte. Hablamos, pues, de una simbiosis entre la formulación matemática y la creatividad del artista. 

La aritmética al servicio del arte, el arte al servicio de la aritmética. Nada parece más cautivador y nada hace pensar que esta fórmula impagable pueda ser efímera, más bien parece ser tan infinita como posibilidades puedan platear las leyes matemáticas y el alma del artista. La aritmética al servicio del arte, el arte al servicio de la aritmética. Efectivamente, un binomio perfecto.

 

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